domingo, 22 de febrero de 2009

Los libros de la buena memoria

¿Te acordás de ese tema? Así se llama la canción de Spinetta que Los Pericos versionaron luego con base de reggae. Pero esto nada tiene que ver con música. ¿O sí? Bueno, eso depende. Algo de música tiene también la literatura. Y viceversa. Aún cuando sus lenguajes son diferentes, hay una especie de territorio común, de frontera compartida que se mueve con nosotros.
En fin, en realidad el título me sirve para repasar algo de lo que he leído este verano. Justamente porque mi memoria ha perdido calidad (si es que alguna la vez tuvo). Así que en esto no es más que una egoísta lista para recordarme las historias que entraron por mis ojos. Aquí vamos, por orden de aparición en mi mesa de luz.


La Logia de Cádiz
Lo escribió Jorge Fernández Díaz, periodista de La Nación y director de ADN Cultura. Las historias sobre San Martín siempre me han resultado fascinantes, más aún cuando la ficción repone carne, hueso y corazón en nuestros próceres. Me gusta la manera en la que el autor desenvuelve una trama paralela para edificar el deja vú que arroja sogas desde las experiencias militares en España a las proezas en esta parte del mundo. Imperdibles detalles de la batalla de San Lorenzo y jugosas interpretaciones del contexto político con el que lidió San Martín, su relación con Alvear y la carga simbólica de pertenecer a una logia que trasciende lo hasta ahora conocido. Recomendable (y se lee con gusto).


Los hombres que no amaban a las mujeres
Sin temor a exagerar, creo que ha sido lo mejor que he leído en lo que va del año. Seguramente podrán encontrar muchas repercusiones sobre la obra póstuma del periodista sueco Stieg Larsson, que dejó como legado accidental (murió en 2004 sin ver su obra publicada) una trilogía denominada "Millennium", cuya primera entrega es esta estupenda novela negra cuyo protagonista, Mikael Blomkvist, bien podría ser un alter ego del autor. Si bien las traducciones nos dejan con gusto a poco en muchos casos, aquí lo que interesa es la historia, la manera en la que está estructurada y la construcción de los personajes. Entre otras cosas, supongo que me atrajo el primer escenario del relato, en el que una trama de corrupción y negociados de un fuerte grupo económico termina derivando en un insospechado episodio sobre el que Blomkvist es contratado para develar el misterio que encierra. La trilogía se completa con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. ¡Hasta los títulos están buenos! Si fuera adolescente, podría suponer que inspiraron letras de Los Redondos.


La princesa y el pescador
Fue una grata sorpresa. En especial porque me costó engancharme hasta la página 40. Después lo "comí" de un tirón. Había leído una reseña y me había interesado la promesa de una historia de amores sin respuesta, de esperanzas sin salvación. Y así fue como caí en el relato de Minh Tran Huy, una periodista francesa de origen vietnamita que desgrana la traumática relación de dos adolescentes en cuyas vidas ha sido el silencio el que más espacios ha llenado, al punto de haberse convertido en un lugar común para ir y volver sin descanso. Por momentos, da la impresión de que la vida de los protagonistas se desvanece a punto tal de asumir una atomización del mundo, aunque diferente a la que conocemos desde nuestra cultura occidental.


Al sur de la frontera, al oeste del sol
Recalé por primera vez en la literatura japonesa. Lo hice precisamente porque en el libro de Minh Tran Huy se mencionaba a éste de Haruki Murakami, el escritor nipón del momento, según leí después en varios artículos de críticos literarios. Me gustó mucho, quizá porque Murakami ha introducido varios elementos occidentales en su obra. Además, a Murakami le gusta el jazz y con eso ya se compró mi simpatía. De hecho, el protagonista de la novela regentea bares temáticos de jazz. La historia es turbulenta, dolorosa y dramática. Más allá de las diferencias culturales que Oriente, está visto que en cuestiones de amores y desencuentros, los seres humanos experimentamos las mismas alegrías y tristezas en cualquier punto del planeta. Otra cosa: fue la primera vez que leí una obra en mi PC sin cansarme. Después arranqué con Tokio's Blues (el nombre original es Norwegian Wood, como el tema de The Beatles) que es otro libro de Murakami, también por computadora, pero esta vez extrañé el olor del papel y lo dejé.


El rastro de Van Espen
Delicioso. Hacía rato que quería empezar a leer la saga del detective Lespada. En vacaciones había pasado por una librería y estuve a punto de comprarme toda la obra de Esteban Llamosas. Después especulé con conseguir un precio más barato en otro comercio. Finalmente saqué dos de la biblioteca de mi trabajo. Con este arrancan las historias de Lespada, en clave de policial negro con mucha ironía y la irremplazable sensación de experimentar ficciones en territorios comunes. Si algo me gusta de Daniel Salzano, entre muchas otras, es la continua referencia a la ciudad, a las calles, a los lugares, a sus personajes. Con Llamosas, en otro nivel, se siente algo parecido. Es el típico libro que hubiera querido leer a los 12 ó 13 años. Más de 20 años después igual vale la pena.


La biblioteca Listen
El segundo de la saga Lespada. Mejor que el primero. Si bien se repiten algunos giros (es lógico), me interesó mucho más la historia y la manera en la que se va desarrollando el argumento. Confirma la predilección que tengo por los antihéroes cuando los personajes están bien armados. Además, incorpora el factor eclesiástico, que muchas veces funciona como una fórmula mágica para sostener un rosario de conspiraciones. El imaginario popular, agradecido. La dupla Lespada-Cherkavsky está llamada a protagonizar un hito en la literatura vernácula. Imagino que Llamosas aún tiene cuerda para rato, pero es cierto que también depende de la industria cultural. Por lo pronto, me quedé con las ganas de nuevas historias de detectives cordobeses. Y eso está bueno.


Perder
Hace poco más de un mes que fuimos padres con Verónica y creo que esta nueva "sensibilidad" me provocó mucha angustia al leer la obra de Raquel Robles, que fue premio Clarín de Novela el año pasado. Y quizá también por eso fue que devoré el libro en menos de una semana, pese a que mis tiempos libres ya se habían reducido drásticamente con el regreso al diario y a la radio. La historia es realmente dramática, de principio a fin y sin respiro. Está tan bien contada y da gusto angustiarse de esta manera, sin que ello signifique ceder al masoquismo. Perder es la historia de la peor pérdida que puede tener un ser humano: un hijo. Y el desequilibrio desbordante que enajena a una madre. Siempre me interesaron los textos que desgranan los pensamientos de las personas cuyos traumas psicológicos los recluyen a un universo sin palabras, pero tan dinámico y desesperante como si la comunicación fuera real.

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